EL MANICOMIO ES MI HOGAR
Me sentí culpable, decepcionada, y la verdad es que no
lograba comprender el porqué, porque había matado a mi marido y a mi mejor
amiga. Fue ahí cuando me di cuenta que me habían engañado, entonces pensé que no podía quedarme, corría peligro y
lo único que tenía que hacer era huir. Corrí y corrí intentando olvidar aquello
que había hecho con mis propias manos.
Sin darme cuenta llegue a la casa de mi madre, tal vez por
instinto ella me estaba esperando afuera en la puerta, intente explicarle,
contarle como había sucedido todo, creí por un momento que me entendía, fue así
hasta que llego la policía, ella era la única que sabía, a la única persona a
la que le había contado era a ella y fue ahí cuando logre darme cuenta de lo
que sucedía, mi propia madre me había entregado. Una terrible ira me comía por
dentro y escape, corrí, intentando ir lo más lejos posible de esa casa.
Asustada me pare en medio de la calle, la niebla se
apoderaba de la oscuridad y me puse a pensar, mirando la nada decidí hacer algo
de lo que seguro en algún momento de mi vida me arrepentiría, di media vuelta y
comencé a caminar, bastante asustada,
llegue a la casa de mi mama, golpee la puerta una y otra vez, no respondía,
empuje la puerta y entre, fue entonces cuando escuche un grito de ayuda,
mezclado con llanto, fui a la cocina, tome un cuchillo y fui hasta su
habitación, ella gritaba asustada, yo le pedía que se calmara que nada malo le
iba a pasar, porque no hay nada mejor que morir asesinada por tu propia hija
¿No?. Cada vez gritaba más fuerte, me asuste y la golpee, sangraba y en un
segundo la vi tirada en un rincón de la
habitación, sobre un charco de sangre con un cuchillo en el pecho, una imagen
que parecía de película de terror, no creí que fuese capaz de hacerlo pero en
ese momento la ira me invadía.
Pensé solo en ir a pedir ayuda a mi tía, cuando me vio llena
de sangre se asustó y desesperada me pregunto qué era lo que me había pasado, y
se lo dije, le dije que había matado a su hermana, y fue ahí cuando se lo dije
que agarro el teléfono y llamo a la policía, no hice nada, deje que llamara,
porque al fin y al cabo si eso la tranquilizaba, no la iba a matar por eso ¿O sí?
Cuando llego la policía actué por impulso, fue inmediato
agarre un cuchillo e intente matarla, pero ella me ataco a mi primero, me tiro
al piso y comenzó a golpearme, en ese momento entra la policía y me agarran, me
meten dentro de una patrulla y me llevan a la comisaria, no estaba asustada, al
contrario, me sentía genial, no sé por qué pero por un momento creí que no lo
haría más, que no mataría mas a nadie.
Llegamos a la comisaria, lo último que me acuerdo es que
antes de entrar empecé a gritar desesperada, tenía miedo, hablaba
incoherencias, y entonces llega una ambulancia, pero no una cualquiera, era la
de un manicomio, estaba asustada, ¿Creían que estaba loca?, por lo que parece
si y fue entonces cuando esa ira se apodero otra vez de mí, golpee a todo aquel
que tenía cerca, pero fue inútil me agarraron entre cinco personas, me pusieron
una camisa de fuerza y me metieron a la
ambulancia.
Desperté en una habitación blanca con paredes y piso
acolchados, era muy cómodo y suave, y fue ahí cuando el miedo desapareció, la
ira también, y entonces comencé a hablar porque sabía que en algún lugar había
alguien que me estaba escuchando, hable sobre todo, sobre el primer homicidio
doble, sobre el de mi madre, y sobre el gran esfuerzo para matar a mi tía.
Cuando deje de hablar me sentí mejor, y por alguna razón que aun no entiendo
sentía que pertenecía a ese lugar, me di cuenta que los locos son mis hermanos,
que esa habitación es tan pero tan suave como un rico algodón de azúcar, y
también me di cuenta que es verdad, ESTOY LOCA ¿Y QUE?
Sofía Rodriguez Escudero.
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